jueves, 25 de diciembre de 2008

La Princesa y la Leona


Cuenta la leyenda que hace muchos años, en el lejano reino de Felicidad, donde todo es posible, nació una princesa.
Y al nacer, los pájaros cantaron, las flores se abrieron y el cielo resplandeció con mil azules.
La energía vital de la princesa estaba ligada a la alegría de vivir, a la generosidad, a la justicia, la verdad y la confianza, estandartes de su reino… Pronto se convirtió en el ser más admirado del mundo.
Pero en las sombras los maléficos planetas, que habían dejado de ser el centro de atención, corroídos por la envidia, se alinearon para impedir que la princesa llenara el mundo de maravillas.
Y una noche sin luna, lanzaron sobre ella un maleficio, que solamente el verdadero amor podía romper.
La princesa despertó en una tierra extraña, sin recordar quién era, de dónde venía, ni cómo había llegado allí. Decidió que aquel extraño lugar se llamaría Savannah y sería su hogar.
Vagó por aquella tierra abrasadora, impregnándola de su bondadosa naturaleza. Trajo la lluvia a las tierras yermas, y los luceros a la noche. Pero en el fondo de su corazón, se sentía ajena a todo aquello, incomprendida, y el amoroso nombre de su verdadero reino naufragaba, en una lenta pero implacable deriva.
Una noche, una estrella bajó del cielo y al abrazar la tierra, creó un estanque de lágrimas plateadas. La princesa se miró y vio que su aspecto era el de un animal.
Pero ante su sorpresa, su propia imagen le habló: “Soy tú, princesa, y tú eres yo. Estás condenada a vivir en este mundo de dolor y de angustia, privada de ser quien eres, hasta que encuentres al semejante que esté destinado a ti. Te han privado de muchas de tus virtudes, pero tu verdadera esencia está latente en ti. Mírate, eres una leona. Eres fuerte, luchadora y valiente. Utiliza eso hasta que llegue tu momento”. Y la imagen se desvaneció.
Durante años, la leona recorrió las tierras de Savannah, en compañía de muchos otros animales. Todos parecían destinados a estar cerca de ella, pero ninguno le devolvía lo que le habían robado. Su energía vital se fue apagando, y olvidó del todo quien era en realidad. Muchos de aquellos animales eran espías y secuaces de los planetas, enviados para acabar con ella, y cumplían bien su cometido. Pero la leona resistía, y el tiempo, su único aliado, tuvo su oportunidad.
Una mañana, un tigre se cruzó en su camino. Se miraron como perdidos en un sueño, pero ella desconfió, acostumbrada a la mentira, cuando el animal le dijo sin ápice de duda: “Vos sois la princesa Sabrina, aquella que está destinada a reinar en Felicidad”.
El tigre pasó meses enteros explicándole a la princesa la historia de su vida, tratando de refrescar su memoria, de aclarar su mente. Pero los planetas aferraban bien esa información, atándola a los nudos negros del olvido, de donde sólo la verdad podía rescatarla.
Una noche, mientras contemplaban las estrellas, ambos se miraron sin decir nada, y la leona pudo verse reflejada en los ojos del tigre. Para su sorpresa, no vio a un animal, sino a una mujer preciosa, y empezó a comprender.
“Me he visto en tus ojos, me he visto de verdad!” le dijo al tigre. “Tú tenías razón…” Comenzó a recordarlo todo…
Por la mañana el maleficio se había deshecho, y los rayos del sol de Savannah ya no iluminaron más aquel pelaje ocre. Su melena dorada cubrió la tierra de luz, pues era la mujer más hermosa que aquellos dominios habían visto nunca.
“Cómo lo supiste?” le preguntó al tigre. “Lo vi en tus ojos princesa, lo sentí en mi corazón, y nunca tuve duda. Porque cuando te vi por primera vez, supe que estaba destinado para ti…”
Entonces, mágicamente, el tigre se transformó en un humano. “Soy soberano del Ducado de A-mor, en lo más profundo de tu reino. Yo no podía ser un hombre hasta que no lograra que creyeras en mí. Ese era mi maleficio. La arrogancia del tigre se convirtió en virtud por tu palabra, y ahora esto es lo que soy gracias a ti”
“Yo también vuelvo a ser yo gracias a ti…” Se dieron la mano y aquella misma noche, las estrellas de los antepasados brillaron con fuerza, labrando un león en el cielo, y la princesa y el hombre desaparecieron, para reencontrarse de nuevo en Felicidad.
“Este es el reino que habéis heredado”, dijo la estrella más brillante de todas. “En adelante es vuestro. Haced que crezca cada día, y sus fronteras no conocerán fin”

Fue así como aquella estrella, aquel león, se encargó de desterrar a los planetas al cielo, y de velar por la princesa en los malos momentos. Aquel estanque de plata de Savannah se convirtió en una playa de arena fina donde los príncipes cultivaron su reino, el mar se hizo más azul que nunca, y los animales les amaron para siempre.
Desde aquellos tiempos, Felicidad fue conocido con el nombre de Reino de Sabrina, y su príncipe fue investido con la Orden de Libra, la justicia, por rescatar a la persona más buena que jamás pisó la tierra de los mortales.

Sabrina y Sir Libra, leona y tigre, hicieron grandioso su reino, y despertaron a un cariño como nunca se había conocido. El Ducado de A-mor se expandió hasta abarcarlo todo. Contagiaron a todos de su dicha, sus hijos fueron los niños más afortunados, y todos vivieron felices por siempre jamás.


FIN



Juanmi, Taller de Escritura Creativa

9 comentarios:

milagros dijo...

¡¡Qué bonito¡¡
Me ha gustado mucho.
Felicidades.

Melqui Barrero dijo...

Hermoso texto cargado de principios y valores para todas las edades comolos clásicos infantiles que leemos desde niños. Es universal.
Felicitaciones

Aula de Escritores dijo...

Admiro en tí ese "saber tocar todos los palos" ¡¡y sobre todo... tan bien!!

¡Enhorabuena!


SOHO

Juanmi dijo...

Hola Soho.

No te molesta que te pida una aclaración verdad?

Es que no me queda claro qué quieres decir, no se si te refieres a mi estilo, al relato, o en general a las cosas que escribo.

Un abrazo

Aula de Escritores dijo...

Hola JuanMi, el relato ha sido una delicia leerlo. Pero me refería a todo lo que has escrito por aquí, en general.
No tengo una gran base que respalde mis opiniones con respecto a los textos que ponéis. Lo que suelo hacer, en vez de analizar, es dejarme llevar por las sensaciones. Y siempre que leo algo tuyo, me llega.

Saludos,

SOHO

Juanmi dijo...

Tranquila Soho, no solo te pasa a ti.

Confieso que a mi también me cuesta no dejarme llevar sólo por las sensaciones, soy poco técnico y demasiado emotivo...

Me alegra que te llegue tanto. Cuando alguien te dice cosas así, te empuja a seguir y a querer mejorar.

Muchas gracias, y cuelga tus comentarios sin problema, ninguno de los que opinamos por aquí somos expertos ;)

elena dijo...

Hola!

Me ha gustado mucho la línea narrativa del relato: conectas descripción con acción, enlazando hechos con sentimientos... lo que hace que el relato se vaya desgajando suavemente, como una de esas fábulas de toda la vida.

Me gusta el aroma de cuento -de clásico universal, como comentaba Melqui- que envuelve cada frase. Felicidades, creo que está muy bien conseguido.

Sonia dijo...

Hola Juanmi,
Poco que añadir a lo que comentan los compañeros. Un cuento precioso.

Aula escritores dijo...

Juanmi,

es una historia bonita, pero a la vez me sugiere como muchas preguntas que dejas sin responder o cosas que aparecen de repente. Por ejemplo, ¿Por qué los planetas son tan malos y echan maldiciones a todo el mundo? Porque no les prestan atención...y antes, ¿sobre qué les prestaban atención? ¿Por qué la cura del maleficio del tigre era que la princesa creyese en él y los planetas les ponen en el mismo sitio? seguro que se iban a encontrar tarde o temprano. ¿Por qué la estrella es la buena?

Por otra parte, me gusta tu manera de escribir, tirando a lírica y/o poética. Construyes expresiones que suenan muy bien!!Como por ejemplo los nudos negros del olvido.

En general, es una bonita leyenda estelar, de orígenes de valores, de principios de orden cósmico.
Felicidades.

Judi Cuevas