jueves, 18 de diciembre de 2008

EL TRÍO

Es la hora. Un botón es pulsado y comienza a sonar la música. Jorge ajusta el volumen con generosidad y luego se aleja poco a poco del reproductor, caminando hacia atrás. Está solo. Se quita toda la ropa ceremoniosamente, con cuidado de dejarla bien plegada sobre un pequeño mueble auxiliar y se tumba sobre la cama, con los ojos cerrados. A medida que los tímidos violines se encrespan y dejan paso a sonidos más contundentes, comienza a mover su desnudo cuerpo con suavidad. Empieza a tocarse levemente la parte alta de las piernas, el pecho, el vientre… como si tuviera todo el tiempo del mundo. Pese a sentir que su propia alma podría derramarse con facilidad si fuera más osado, por ahora decide mantener a raya sus propias caricias. Debe de esperar. Todavía no es el momento.
Las puertas interiores de la casa están abiertas de par en par, de modo que la música circula libremente, rebota con fiereza en cada una de las paredes hasta hacerlas retumbar en los momentos álgidos. Pronto se añade una poderosa voz, cuya intensidad desmedida parece querer llenar todos los espacios vacíos del propio aire; y lo consigue. Nada puede impedir que se abra paso a través de los muros exteriores de la casa, que vuele en todas direcciones como una supernova en pleno estallido. Enseguida encuentra otros muros en los que filtrarse para hacerlos retumbar desde dentro. No tiene reparo alguno en meterse en casas ajenas.
- Otra vez esa puta música – dice David -. Y siempre en el momento más inoportuno.
No es más que una vaga expresión de su disgusto, pero aunque hubiera buscado una respuesta no la habría encontrado, pues Laura mantiene la boca cerrada. Deja que él se mueva a su libre albedrío sobre ella, que le bese el cuello, que se lo muerda. Deja que le hunda en la carne unos dedos groseros y con ciertas tendencias obsesivas. Tras el vano reproche de David no hay más palabras (salvo las de aquella mujer de voz ostentosa que canta a su alrededor), tan solo la respiración agitada de un hombre que mueve su lengua con avidez y que exhala breves gemidos incontestados. Laura se ha mantenido prácticamente inerte todo el tiempo, pero comienza a participar al cabo de poco: acaricia con timidez la espalda tensa de David hasta posar la mano sobre la parte más arqueada, desde donde intuye cada uno de sus movimientos; luego, las piernas comienzan a relajarse y se separan bajo el peso del cuerpo que las empuja. Los gemidos se intensifican momentáneamente. Los movimientos se concretan, se profundizan y entran en un bucle irregular que acaba por arrancarles gotas de sudor por todo el cuerpo.
Sin embargo, Laura no abre los ojos en ningún instante. No puede permitirse la más leve distracción, pues su trabajo es muy delicado. Tiene que sentir esa música entrando en su cuerpo, en su alma: la voz, los violines, el saxofón… tiene que empaparse de ella, hacerla llegar hasta allí donde el obstinado David no puede. Solo entonces podrá empezar a engañar a sus propios sentidos, podrá reinventar esa lengua que se abre paso en su boca, esa espalda inquieta, ese intruso que retoza con medida violencia en su interior. Pero por encima de todo, no debe de hablar. El nombre de Jorge no puede ser pronunciado.

Manuel Santos
(relato de sub-perspectiva).

8 comentarios:

elena dijo...

Me ha encantado.

La escena es brillante, casi onírica, las imágenes son palpables, la música se cuela en el lector mientras avanza leyendo. Consigues recrear un conjunto de instantes con una precisión increíble. Los sentimientos de Laura están impecablemente expresados...

No entiendo bien el concepto de sub perspectiva, supongo que era ¿un ejercicio?. No le resta orginalidad, pero tal vez pensaba que retomarías a Jorge más tarde.

Felicidades.

Manuel Santos dijo...

Hola.
Sí, era un ejercicio. De ahí también la brevedad, ya que que no me podía exceder de una página. Al menos he podido transmitir lo que quería, pese a no poder profundizar en una historia que (como muchas otras) da mucho más de sí.

Gracias!

milagros dijo...

La descripción de las escenas es magnífica.
Me ha encantado y me ha sabido a poco.
Un saludo.

Sonia dijo...

Sencillamente genial. Me encanta. Está escrito con un gusto exquisito y además es elegante. Me parece muy original, y está tan bien creada la escena, que hasta creo haber oído la ópera que escuchan (creo que no lo especificas, pero es ópera, no??).
Coincido con Milagros en que sabe a poco.
Muchas felicidades.
Sonia

Aula de Escritores dijo...

Hola

me ha gustado mucho. Por el tema de la musica que es como una tercera persona en juego. Y que facil es engañar a un hombre como lo hace laura; lo mejor de todo es que esto lo escribe un hombre! bravo!

Irène

Juanmi dijo...

A mi me ha parecido magnífico, elegante, y con muchisimo gusto, huyendo del morbo fácil.

Es pudoroso pero pasional, íntimo, muy íntimo.

Yo le habría dado más lírica al título, con algo así como "Eran Tres" o "Trío de Dos"... Buscarle la vuelta.

Pero me ha encantado, si señor

Manuel Santos dijo...

Pues tienes toda la razón, me gustan más tus títulos que el que le puse yo, jejeje.

Un saludo a todos!

Rubén Bermejo dijo...

Esto es de lo mejor que he leído últimamente.