viernes, 13 de marzo de 2009

La vuelta a casa

Así como ayer todo estaba oscuro y silencioso, hoy es un día claro, luminoso. Las nubes corren como si huyeran de algo y algunas aves van de un lado a otro sin rumbo fijo, o al menos eso es lo que parece.
Voy caminando pisando un césped que se doblega pero no se rompe. En seguida se termina el césped, creo que en realidad se trataba de un jardín, no estoy seguro porque el paisaje ha cambiado repentinamente, ya no veo el jardín y me encuentro en una plaza abierta con una gran iglesia al fondo. Hay una mujer abrazada a dos niños, muy quietos, muy sonrientes y mirando a un punto fijo delante de ellos, se oye un chasquido y empiezan a moverse nerviosamente y a saludarme efusivamente, como si me conocieran desde siempre, se dirigen hacia mí y me llaman por lo que debe ser mi nombre me intranquiliza porque aunque me son vagamente familiares, no creo reconocerlas y yo ni siquiera sabía que tuviera un nombre.
Entonces me entero de que a la plaza la llaman del Obradoiro, que la iglesia es una Catedral, y que estas personas están aquí pasando unos días de vacaciones, yo como soy nuevo en este lugar, a duras penas alcanzo a comprender la frase “unos días de vacaciones”, recuerdo el día de hoy, que se inició con chasquido y un terrible y cegador fogonazo de luz, muy intensa. De ayer sólo recuerdo que estaba todo muy oscuro, negro, silencioso, . . . pensándolo un poco, en realidad tengo la sensación de que “ayer” no existió.
En un solo paso cambia de nuevo el paisaje, aparecen montañas, ríos profundos, laderas de viñedos, . . . y otra vez las personas de la plaza, ahora sentadas en una piedra y comiendo bocadillos de tortilla, se alegran de verme y parecen sinceros en su sentimiento, vuelven a llamarme por lo que yo supongo que es mi nombre y dirigiéndose hacia mí, me animan a sentarme con ellos y me ofrecen un bocadillo. Como no tengo hambre, no lo acepto y me marcho todo lo deprisa que puedo, sin fijarme en la dirección que tomo porque me da igual a donde vaya: cuando uno se encuentra perdido sin posibilidad alguna de orientación, la dirección que toma no tiene importancia.
Otra vez, entre un paso y otro vuelve a cambiar el paisaje, mas río, viñedos, un horizonte infinito, pero no parece haber nadie alrededor, me siento e intento reordenar mis ideas: paisajes que cambian repentinamente, gente que dice conocerme pero que yo no recuerdo y que parecen moverse a la velocidad de la luz o están en varios sitios a la vez, no le encuentro explicación. Intento hacer memoria, pero no recuerdo nada, es como si hubiera nacido hoy mismo, pero sin embargo tengo la sensación de tener toda una vida a mis espaldas.
Absorto en mis pensamientos, no me doy cuenta de que tengo la compañía de un pescador con una red a medio coser, que según me dijo venía del puerto de Vigo que se encontraba a unos pocos pasos. Me estiro todo lo que puedo intentando ver el puerto, pero sólo veo campo y ría.
Comienza a explicarme las extrañas normas de este, llamémosle ‘mundo’, según las cuales los paisajes cambian repentinamente de un paso a otro según uno va caminando, algo que yo ya había advertido. Sin embargo los paisajes no cambian si te estás quieto.
Me habla de cómo aparecen paisajes a veces con personas, justo después de una gran explosión de luz y un chasquido, igual al modo en el yo recuerdo haber llegado a este lugar y de como en algunas ocasiones desaparecen paisajes y personajes. . . poco a poco voy recordando y despejando mi confusión, por algún motivo perdí la memoria.
Recuerdo que estaba con la mujer y los niños que vi antes, recuerdo que estaba viajando con ellos, nos divertíamos, reíamos y disfrutábamos, visitábamos lugares hermosos, en definitiva disfrutábamos de las vacaciones. Recuerdo las fotografías, cientos de ellas, en la plaza de la Catedral, en las rías gallegas, recuerdo al pescador y el puerto, y recuerdo como de forma inesperada y sorprendente parte de mí fue absorbido por la cámara de fotos, encontrándome en un mundo en el que todos los paisajes por los que habíamos viajado estaban juntos: la plaza, las montañas y las playas, cuando en realidad se encuentran a cientos de kilómetros de distancia unos de otros.
Cuando todo parece haber cobrado sentido y voy asumiendo mi nueva condición de personaje fotografiado, siento que todo se mueve. Me repito a mí mismo que no es posible, estoy dentro de una cámara de fotos, aquí no hay sitio para moverse. . . sin embargo es cierto, como en el interior de un torbellino, todo lo que antes era sosiego ahora parece caos, sorprendentemente es un caos organizado, las imágenes van saliendo ordenadamente, una detrás de otra para impregnarse en el papel fotográfico que les permitirá seguir existiendo fuera de la cámara de fotos, al mismo tiempo que la impresora me devuelve el alma que sin darme cuenta hasta ahora, tanto echaba de menos.


Pedro.

4 comentarios:

Marien dijo...

Me ha gustado mucho tu relato, es original y está bien contado para lo complicado que debe ser transmitir ese movimiento y confusion del personaje.
Es diferente y me ha intrigado.

milagros dijo...

Un relato muy original con un final que no me esperaba. Me ha gustado como lo acabas.

Mar Solana dijo...

Hola, Pedro:

Me ha gustado mucho la idea de tu relato, es muy original, parece casi un cuento con toques abstractos al estilo "Amelie".
Sin embargo, como lectora, me faltan quizás más imágenes y descripciones más detalladas, algo más sobre los sentimientos del personaje, cómo es, etc. Porque si no, me siento en algunos momentos de la lectura como presa de un tsunami literario.
Pero tu idea es muy buena, Pedro, buenas dotes creativas y gran poder de imaginación... :)
Un saludo

Sonia dijo...

Me parece genial el planteamiento, la idea es muy original y me encanta, pero creo que es igual un poco confuso. Me lo he leído una segunda vez, pues en la primera lectura, mientras más iba leyendo, más desconcertada me quedaba y a la vez intrigada, por saber de qué se estaba hablando, no entendía nada. En una segunda lectura, y ya conociendo que son personajes fotográficos (una idea genial, por cierto), creo que quizás se podría pulir un poco más, pues a mí me sigue sin quedar claro porqué algunos personajes fotográficos se recuerdan y otros no, si son fotos ya impresas, si están dentro de la cámara… me faltan algunos datos para situarme y para que al final, cuando se descubre el pastel relacione todo. Pero te vuelvo a felicitar por la idea que me parece genial