domingo, 29 de marzo de 2009

CITA A CIEGAS

-Hola, tú debes ser Vanesa, ¿verdad?- le dije con una sonrisa nerviosa a la chica, o más bien a la mujer que me esperaba sentada en la barra del bar con una flor en la mano.
-¿Es que ves a alguna otra mujer con una flor en la mano en esta barra?-me respondió mientras me revisaba de arriba a abajo- Así que tú eres Ricardo, el monaguillo.
-No… bueno, yo ya no… a ver… antes sí, pero ya no… era novicio, no monaguillo, y ahora ya no...- dije titubeando pues aquella mujer me ponía muy nervioso.
-Qué más da, novicio, monaguillo, o cura, todos iguales –me cortó-. Pídeme otro carajillo.
-Sí, ahora mismo. ¡Camarero, por favor! Sírvale a la señorita si es tan amable un carajillo, y para mí un cacaolat calentito, si no es mucha molestia.
-Eres una mujer muy hermosa- mentí para romper el hielo, porque en verdad debía tener por lo menos 20 años y kilos más que en la foto que me había enviado y si no llega a ser por la flor nunca la hubiera reconocido.
-Vaya, vaya… Así que aquí tenemos a otro enfermo salido y vicioso del chat- afirmó mientras me escrutaba con sus ojos saltones y sobrecargados de sombra azul.
-No, a ver… solo aficionado, desde que hace poco dejé el seminario me gusta contactar con personas diferentes, entablar amistades…-me justifiqué
-¿En un canal de sexo? –estalló en una carcajada- ahora me dirás que no has venido aquí con la intención de llevarme a la cama.
-Bueno, yo… no… a ver, dicho así… -dije yo sin lograr articular una frase coherente- Yo no he venido a eso, yo… además no era un canal de sexo que yo recuerde, era de amistad y de fe cristiana…
-Qué pasa, ¿es que no te quieres acostar conmigo? Ahora resulta que no soy lo suficientemente buena para el puñetero monaguillo, ¿es eso? que no te gusto, ¿no?
-No, no es eso…- me ruboricé- es que yo… a ver… no tengo mucha experiencia en el arte del cortejo, y yo… -me estaba poniendo muy nervioso, pero a la vez no quería irme y desaprovechar la primera oportunidad real de mi vida de yacer con una mujer, por horrible que fuera.
-Así que sí que quieres -sentenció.
-Bueno, vale, pues sí, visto así…
-Lo que yo decía, otro enfermo salido y vicioso del chat, por más cura que seas. -dijo mientras se encendía un cigarrillo- Mira, por ahí viene Ramón.
-¿Ramón?- pregunté yo, mientras veía acercarse a un hombre de mediana edad, corpulento, calvo, y vestido de cuero negro.
-¿Éste es el curita?- dijo Ramón a modo de presentación.
-Sí, servidor, mucho gusto en conocerle, pero yo no soy sacerdote, yo… -dije tendiéndole la mano, un poco sorprendido aun con la aparición repentina de este amigo de Vanesa.
-El gusto va a ser mío, créeme- me cortó Ramón estrujándome la mano con tanta fuerza que me pareció escuchar cómo me crujían los huesos.
-El curita me acaba de confesar que se muere por echarme un polvo- dijo Vanesa.
-¿Cómo? ¿Que te quieres acostar con mi mujer, cabrón?- gritó Ramón mientras todas las cabezas del bar se giraban para contemplarnos, incluido el camarero.
-No, Ramón, discúlpeme, por Dios, que se trata de una confusión –dije yo temblando e intentando justificarme- Yo es que no… ¡Yo no sabía que Vanesa era una señora casada! para nada he querido ofenderles, su mujer es una señora muy respetable, y sepan que yo la institución del sagrado matrimonio la respeto profundamente, yo nunca ¡nunca! intentaría llegar a la intimidad con ella…
-Qué me estas queriendo decir, ¿que mi mujer es fea?
-No, no…por favor, no me malinterprete, que me parece una mujer muy hermosa, y de buen gusto retozaría con ella, si no fuera naturalmente porque está casada.
-¡Ya sabía yo que te la querías tirar! ¡desde que he llegado aquí lo he visto claro! -dijo alzando la voz- ¡Y tienes la poca vergüenza de decírmelo a la cara! ¡Serás desgraciado!
-Si me disculpan yo me voy a tener que ir, que no me acordaba que tengo que realizar unos servicios, y…-dije levantándome del taburete y haciendo el gesto de pagar.
-Tú no vas a ninguna parte -dijo Ramón sujetándome del brazo- Que no pasa nada, hombre, perdona mi mal carácter. Es el pronto que tengo, que me pierde… -dijo cambiando totalmente el tono- Encima que vienes a ayudarnos con lo nuestro… Si yo ya sé que mi mujer está muy buena, y es normal que te guste. Cualquier hombre de este bar, escúchame bien, ¡cualquiera! -dijo señalando a todos los clientes del bar- se dejaría amputar su mano derecha por tirarse a mi mujer, así que no te sientas culpable porque seas un cura, que ese es un instinto muy natural.
-Cierto, muy cierto -dije yo, aunque dudaba bastante que nadie se dejara amputar nada por pernoctar con Vanesa, y no entendía bien su cambio repentino de actitud conmigo- de todas maneras, yo es que me tengo que ir yendo, ¿saben? ha sido un verdadero placer conocerles, un matrimonio envidiable, de verdad, pero es que yo…
-¡Tú no vas a ninguna parte! -dijo Ramón- En todo caso nos vamos los tres a nuestra casa, como estaba previsto. A ver si ahora, porque te haya gustado mi mujer, vas a dejar de cumplir con lo nuestro.
-¿Lo nuestro? –pregunté desconcertado- No se molesten, de verdad, otro día, si eso ya nos damos los teléfonos y quedamos tranquilamente para tomar algo, es que hoy tengo un poco de prisa y… -dije en un intento desesperado por huir.
-¡Ni otro día ni hostias! ¡Vamos hoy a nuestra casa! ¡Me cago en Dios! –dijo golpeando con el puño en la barra, mientras repentinamente le cambiaba el ánimo y empezaba a sollozar- Ya no podemos más… nos sentimos tan solos... ¿es que no lo ves, que estamos desesperados? ¡te lo pido por favor! –imploró.
-De acuerdo, a ver… si se empeñan vamos a su casa a tomar algo, pero poquito rato, ¿eh? que yo me tengo que ir pronto- accedí finalmente por lástima, deseando fervorosamente que fueran una pareja muy necesitada de amistad y compañía. Por si acaso, empecé a rezar para mis adentros durante el tiempo que tardamos en llegar a su casa, no fuera que en lugar de una pura y bonita amistad, se cumplieran mis más oscuros presagios, y desearan algo muy diferente.

-Espérate aquí -me ordenó Ramón al entrar en su casa- Vanesa y yo vamos a buscar los instrumentos ya que tú no has traído nada y ahora volvemos- dijo Ramón
-¿Instrumentos? ¿Qué instrumentos? –pregunté yo asustado.
-A ver, qué instrumentos van a ser. Para qué hemos venido aquí -me dijo Ramón con la fingida paciencia que se le muestra a un idiota– Ya te lo habrá explicado Vanesa. Tú relájate, que parece que no tienes mucha experiencia en esto y he oído que a muchos les puede llegar a doler la primera vez que él intenta meterse en el cuerpo. ¿Dónde vas? ¡Cobarde!- empezó a gritarme Ramón mientras yo salía disparado de la casa dispuesto a retomar mis votos, consagrar mi vida al señor y olvidarme para siempre del chat.
-¡Ya sabía yo que no tenías lo que hay que tener, gallina! -gritaba a lo lejos Ramón, mientras yo corría desesperadamente escaleras abajo con tanta prisa y desespero que atropellé a una vecina y la tiré al suelo.
-Lo lamento, señora, lo lamento muchísimo. ¿Le he hecho daño? –dije nervioso ayudando a levantarse a la señora- Dios mío, señora, cuídese de sus vecinos del tercero… ¡están enfermos!…
-No me diga más, ha venido usted por lo del exorcismo…
-¿Exorcismo?
-Sí… pero no se preocupe, Ramón es un loco inofensivo… se pasa la vida buscando a sacerdotes que le ayuden a sacar al diablo de su casa -dijo la señora y de repente bajó el tono de voz como para contarme un cotilleo- aunque en verdad, el único diablo que tiene en casa es a su mujer, ¿sabe? una loca enganchada a Internet que disfruta haciendo que su marido se pelee con todos los hombres con los que queda.
-¡Exorcismo! Entonces… ¡lo que se me iba a meter en el cuerpo era el diablo! -respiré aliviado- Gracias, señora, gracias por la información y perdone de nuevo…- dije yo respirando profundamente, bastante más tranquilo que unos minutos antes aunque sin abandonar la idea de volver a la paz del seminario. Lo que me había ocurrido aquella tarde era la señal divina que tanto había ansiado, esa que me devolviera la fe y me indicara el camino. Miré al cielo, me santigüé, y di las gracias.

Sonia Ramírez
Ejercicio de diálogo

4 comentarios:

milagros dijo...

Me ha gustado mucho tu cita a ciegas. Has creado a un personaje muy bien descrito,simpático, utilizando un vocabulario muy acorde con él.
Me has hecho reir con la situación y con algunas frases (lo del cacaolat calentito ha estado genial).
Creo que has conseguido todo un relato rico en descripciones con solo el diálogo.

Ignasi Raventós dijo...

Hola Sonia.
!Qué bien funcionan los diálogos cuando están bien escritos! Cada palabra, cada gesto, cada entonación describen perfectamente al personaje y la situación. Y además se las ha dado intriga, Me ha enganchado desde el principio
Me he imaginado en tu relato en medio de una película de Alvaro de La Iglesia, con su ambiente y sus personajes.
Un saludo

Marien dijo...

Sonia, fantástico diálogo, es muy divertido y tan perfectamente escrito que no he perdido el hilo ni una vez, no me falta ni un detalle para disfrutarlo, quería leerlo para ver como acababa el infeliz, y ya tranquilamente la segunda vez me ha parecido GENIAL.

Mar Solana dijo...

¡Qué estupendo diálogo, Sonia, cómo me he divertido, jajajajajaj!
¿sabes? me ha hecho muchísima gracia pues conozco a un sacerdote (éste no se ha salido del seminario)¡qué también toma cacaolat calentito, jajajajaj!!

Bueno, aparte de las risas, te diré, como dice Antony Trollope del Diálogo: PERTINENTE, NATURAL Y BREVE, como es éste tuyo que acabo de leer, además con una ingeniosa e hilarante historia.
Enhorabuena y como siempre, todo un placer leerte,

Un fuerte abrazo,