viernes, 10 de abril de 2009

Cartas de amor

-Estoy muy nerviosa, papá.
-Tranquila, en cuanto empiece el acto te sentirás mejor. ¿Qué quieres tomar?
-Una cerveza.
-Camarero, por favor, una caña y un zumo de piña.
-Enseguida, señor.
-Papá, quién me iba a decir que hoy estaríamos aquí, en la casa de América de Madrid, presentando mi primera novela.
-Lástima que tu madre ya no pueda vivir este momento con nosotros.
-Aquí tienen, una caña y un zumo de piña.
-Gracias, pero es al revés, la caña es para ella.
-Mamá estaría orgullosa de tí, como lo estaría el abuelo. Ya conoces la afición que tenía el abuelo por la literatura.
-Sí, todavía recuerdo las historias que me contaba de pequeña, cuando vivíamos en Chile.
-Pues hay algo de tu abuelo que nunca te he contado.
-¿Qué es?
-Es algo que sucedió hace muchos años. Tu todavía no habías nacido. A tu madre y a mí siempre nos ha costado hablar de eso. Es una historia que tiene que ver con el hecho de que tú estés en este mundo y con lo que va a pasar dentro de un rato aquí.
-Cuéntamelo ya, me tienes en ascuas.
-Como sabes tu madre tuvo una hermana que nunca llegaste a conocer, ya que murió poco antes de que tu nacieras. Pues bien, cuando a tu madre y a tu tía les llegó la edad de casarse, ya ambas con novio formal, su padre las reunió un día y les dijo: “Mirad hijas, nosotros somos una familia muy humilde y yo no puedo aportar dos dotes, así que una de vosotras tendrá que esperar un tiempo a casarse”.
-¿De cuánto tiempo estaba hablando?
-Pues el abuelo les dijo que una de ellas debería esperar cinco años para casarse.
-!Que injusto! !¿Y cómo decidió quién de las dos, a cara y cruz?!
-No hija, eso es lo que te quería contar. El abuelo les dijo a sus hijas que se casaría primero la que recibiera de su novio las más bellas cartas de amor. Igual no te parece justo. A mí tampoco me lo pareció en ese momento. Pero es lo que hizo que yo me casara con tu madre y la razón de tu existencia.
-!Vaya historia!¿Por qué no me la habíais contado nunca?
-Seguramente, porque el resultado de aquella decisión tuvo una consecuencia que ni tu abuelo ni nadie podíamos adivinar en aquel momento.
-¿Y cuál fue?
-¿No te la imaginas? Tu tía no llegó a casarse nunca.
-No me lo había planteado. Claro, ella murió dos años después de casaros vosotros.
-Sí, y es algo que tu abuelo nunca se perdonó. Siempre se sintió culpable de haber impedido que su hija viviera feliz los dos últimos años que le quedaban, sin poder compartirlos con el hombre de su vida.
-Pero, el no podía saberlo.
-No, ninguno de nosotros podíamos, pero eso no quita que todos recordársemos aquel episodio cuando ella murió.
-Es una historia muy triste. Mamá nunca me habló de ello.
-Sí, y quizás yo no he elegido el mejor momento para contártela.
-No te preocupes, para estas cosas nunca hay un buen momento. Me tienes que explicar esta historia con más tranquilidad. Por cierto papá, ¿conservas esas cartas?
-Sí, tu abuelo nos las devolvió el día de la boda. Nunca he querido deshacerme de ellas. A veces, me sorprendo sentado en la cocina leyéndolas, pretendiendo volver a aquellos tiempos.
-Papá, si mañana me paso por tu casa, ¿me las dejarás leer? Se me está ocurriendo algo.
-Claro hija.
-Tengo que preguntarte muchas cosas.
-Acábate la cerveza, Isabel, ya falta poco para empezar. ¿Sabes?, adivino que me va a encantar leer tu segunda novela.


Mariano Salvadó (Curso escritura creativa: ejercicio de diálogo)

2 comentarios:

Joan Villora dijo...

En esta versión sí que se da la importancia adecuada a la muerte de la tía, que además has integrado con su posible uso en la segunda novela de la chica, por lo que la historia se nota que ha mejorado.

Pero no veo lo suficiente a los personajes; la chica lo mismo podría tener 20 que 50 años, el padre entre 50 y 70. ¿Son altos, gordos, rubios…?

Ya sé que era un ejercicio de diálogo; pero, si te fijas, no has usado ninguna acotación, lo que te hubiera servido para describir a los personajes física y anímicamente.

También intentaría introducir algo de dialogo indirecto, para romper el “ahora hablo yo y después tú” de todo el relato.

Pero, esta mucho mejor, es una narración muy clara y digerible.

Joan

Ignasi Raventós dijo...

Mariano.
El diálogo ha mejorado mucho.
Estoy de acuerdo con lo que te dice Joan.
Aprovecha las acotaciones para hacer pausas donde el lector pueda ver más a los personajes, el entorno y ese sentimiento de melancolía que sus palabras sugieren.