lunes, 2 de febrero de 2009

Paraguas&volcán

El piso situado en la segunda planta de un inmueble ubicado en el centro moderno de la ciudad, era agradable y acogedor, a pesar de que sus dimensiones eran reducidas todo en su interior aparentemente resultaba armónico y todo el mundo se encontraba bien en él.

En las diferentes estancias los muebles estaban perfectamente distribuidos, en el salón destacaba el sofá, Laura lo había seleccionado con todo cariño para que resultara cómodo e íntimo, en otro rincón del salón estaba situada la mesa y adosado a la pared una estantería con cajones donde todo lo que se veía estaba en perfecto orden, circunstancia que no se daba en lo que estaba dentro de los cajones generalmente mucho mas desordenado y caótico.

Curiosamente en un rincón del recibidor destacaba en sobremanera un paraguas, de aquellos que ya no están de moda, grande, robusto y negro, Laura cuando se divorció de su marido, hace unos años, fue una de las pocas cosas que se llevó de su antigua residencia, si le preguntásemos, quizás no nos sabría decir el por qué, pero se lo llevó con ella, durante sus años de matrimonio le había protegido de muchas tormentas y desde que en un momento determinado de su vida un aguacero la pilló desprevenida y la caló hasta su ropa más intima, siempre lo llevaba con ella aunque fuera de una forma inconsciente.

En este entorno Laura se encontraba a gusto y en cierta manera protegida de todo aquello que caóticamente depositado en los cajones tanto le atraía y que prácticamente nadie conocía.

Hace unos días, Laura conoció, a través de una amistad común, a Héctor, tuvieron una corta charla, pero lo suficientemente intensa para que se intercambiaran los teléfonos y quedaran en llamarse.

Desde aquel momento Laura de una forma inconsciente esperaba la llamada, Héctor, en cierta manera, le había impactado, pero ella sabía que con su paraguas estaba protegida de cualquier tormenta que se pudiera desencadenar, así pues que decidió acabar con la espera y tomó la iniciativa, marcó el número de teléfono de Héctor y conversó con el durante unos minutos, todo arreglado, le había invitado a cenar el viernes próximo en su piso y él había aceptado encantado.

Laura tenía claro lo que aquella invitación significaba, no era la primera vez que algo así ocurría, ni seguramente fuera la última, aunque en el caos de sus cajones las ideas seguían sin estar claras.

Tenía una habilidad extraordinaria para organizar este tipo de eventos, cena ligera, poca luz (las velas ayudan mucho), ambiente íntimo, charla distendida, café en el sofá, copita de cava y después lo que se terciara.

Sonó el timbre y curiosamente Laura se sobresaltó ligeramente, pero sin darle más importancia se dirigió a la puerta y la abrió, allí apareció Héctor que también había cuidado el momento y estaba muy atractivo, se dieron dos besos y Laura le invitó a pasar, cenaron tranquilamente mientras Laura más parlanchina de lo normal le iba explicando la historia del pisito, Héctor escuchaba atentamente.

En el interior de Laura durante todo este tiempo se estaba desarrollando una importante tormenta emocional, realmente Héctor le atraía mucho.

Antes de sentarse en el sofá para tomar el café, ahora si conscientemente, Laura buscó su paraguas, estaba segura de que en pocos minutos se desencadenaría la tormenta y quería estar protegida.

Se sentaron en el sofá a tomar el café, la proximidad y la intimidad que aquel estratégico sofá representaban, dio origen a que las pasiones se desbocarán y no en forma de tormenta, sino de volcán, Laura intentó abrir el paraguas pero de nada le sirvió, la lava que expulsaba el volcán fue traspasando el paraguas hasta dejarlo prácticamente como un auténtico colador y el calor de la lava fue recorriendo todo su cuerpo sin que nada, ni nadie lo pudieran evitar.

No es objeto de este relato saber como acabó la historia, pero si es quizás interesante saber que Laura nunca más se compro un nuevo paraguas, a partir de ese día aprendió que los sentimientos deben dejarse fluir según aparecen y que ni el paraguas, ni ninguna otra protección son válidos, cuando el volcán decide expulsar la lava que contiene en su interior.


Manel Delgado

3 comentarios:

Irène dijo...

Me gusta el simbolismo de este relato y la forma cómo no lo descubres hasta el final. Me gusta también porque enseña a afrontar la vida tal como viene, con toda su fuerza y su impetú.
Sólo comentarte que al principio hay descripciones un poco confusas que me alejan del tema y me confunden.
Pero le fondo es lo que importa. Y ese relato tiene mucho.
Enhorabuena

Ignacio Raventós dijo...

Perdona, pero en el comentario de arriba ha salido el nombre de Irene. Y ese no es mi nombre

Irène dijo...

Gracias por tu comentario Ignacio, la parte inicial del relato realmente es la definición de Laura, lo que pasa que para poder colocar el paraguas dentro, lo converti en el pisito. Espero haberte ayudado.