lunes, 2 de febrero de 2009

Oído en línea

A muchos quilómetros de aquí (y según dicen algunos, en otra dimensión) existe el Universo de los Sentidos. En él, en un planeta muy parecido a la Tierra, conviven millones de sentidos repartidos en cinco razas: tacto, olfato, vista, gusto y oído. Pese a ser muy parecidos, cada uno de los habitantes del Planeta Sentido (que así se llamaba el lugar) se diferenciaba por su forma. De esta manera el sentido del tacto se caracterizaba por tener forma de mano, el del olfato por tenerla de nariz, la vista de ojo, el gusto de boca y el oído, como no, de oreja. En el Planeta Sentido se dan miles de buenas historias cada año, pero hoy os voy a contar una, tal y como se la contó su abuela a mi tía oreja y ella a mí.
Corría la década de los ochenta cuando Juana Orejota tuvo una brillante idea que iba a cambiar su vida. Iba a fundar una nueva empresa llamada “Oído en línea”. Debido a su psicología, los sentidos eran de carácter reprimido y deprimido. Las narices acostumbraban a llorar y moquear por cualquier cosa; los ojos, al tener una visión más detallada de su mundo, no podían evitar sentirse abrumados; el tacto era sensible por naturaleza; al gusto, por su parte, le gustaba mucho hablar, tratando de esconder sus problemas…
Y el oído, ay señoras y señores, el oído era completamente diferente al resto de los sentidos. Mientras que gusto, tacto, olfato y vista eran tremendamente egocéntricos, el oído era completamente altruista, capaz de escuchar a cualquiera durante horas y, debido a su gran experiencia, dar los mejores consejos.
Fue esto lo que llevó a Juana Orejota a crear el “Oído en línea”. Creyó que si creaba una línea telefónica de pago, podría ganarse bien la vida escuchando los problemas de los demás (sobre todo con el sentido del gusto, aquellas bocas sufrían una verborrea que podían hacerle rica). Cuando su marido, Nacho Pico de Oro le dijo que para qué iban a llamarla a ella si ya existía el “Oído de la Esperanza”, Juana le replicó con rapidez. “Porque ellos sólo escuchan, yo haré un seguimiento personalizado de mis clientes, les llamaré para seguir sus casos y les solucionaré todos sus problemas ¡Deja de ser tan pesimista Nacho! Bah, nunca me entenderás, sólo eres una boca…”. Las palabras de Juana eran muy duras, pero es que su matrimonio pasaba un bache.
Se habían casado dos años antes (lo cual creó las críticas de muchos, pese a vivir en tiempos modernos, muchos no aprobaban las relaciones entre sentidos). Tal y como había predicho su madre, parecía que su matrimonio estaba destinado al fracaso. Las discusiones ocasionales pasaron a ser gritos y reproches casi diarios. Esa fue otra de las razones que llevaron a Juana a crear “Oído en línea”, creyó que si solucionaba los problemas financieros de la pareja, quizá dejarían de pelearse.
Siendo así, Juana se puso manos a la obra. El primer paso fue buscar a alguien que invirtiera en el negocio. El elegido fue Esteban Napias, una nariz con buen olfato para los negocios. Cuando Juana le explicó su idea, Esteban se olió que aquello podía funcionar y le dejó el dinero que quería.
Cuando Juana juntó todo lo necesario montó una oficina en su casa. Un teléfono con un buen auricular para no perderse un detalle de lo que le contaran, papel y lápiz para tomar datos y un archivador para tener controlados a sus clientes. Lo único que faltaba era un buen anuncio en el periódico. “Oído en línea. Tú habla, yo te escucharé. Te espero en el teléfono…” rezaba la publicidad publicada en un rinconcito de un periódico de tirada local.
Pese a que al negocio le costó arrancar, la cosa empezó a funcionar al cabo de unos meses. El boca a boca funcionó de maravilla y muchos fueron los que se sorprendieron de “Esa oreja que solucionaba todos los problemas”. Pronto todas las preocupaciones monetarias de Juana y Nacho desaparecieron, pero no así las personales.
Conforme más crecía “Oído en línea” más se alejaba la pareja. Juana se pasaba largas horas escuchando los problemas de los demás, en muchas ocasiones hasta altas horas de la madrugada. Pero cuando Nacho intentaba hablar con ella o discutir sobre algún asunto, Juana contestaba con un seco “Ahora no, alguien me necesita”. Llegó un momento en que Juana empezó a casi ni parar para comer o dormir. Adelgazó tanto que toda ella era cartílago. Finalmente, un día, tras un mes de ser ignorado por completo por su esposa, Nacho abandonó a Juana Orejota el día del tercer aniversario de su boda. “Es más fácil escuchar los problemas de los demás que afrontar los propios” dijo Nacho poco antes de dar un portazo en lo que hasta hacía poco era su hogar. Juana ni lo escuchó, estaba demasiado preocupada hablando con una vista que se quejaba que marido había mirado un ojo que no era ella. Juana notó la ausencia de Nacho cuando la basura empezó a acumularse en la cocina y la comida escaseó en la nevera. “Tanto da” dijo, “Así no obstruirá mi Oído en Línea”. Siendo así, Juana contrató gente para que limpiara su casa y le trajera comida, así no tenía que dejar el “Oído en Línea” en ningún momento. Poco tardó trabajar veinticuatro horas al día, aún así, nunca quiso fichar a nadie para que la sustituyera. Pero todo lo era igual, ella era feliz ayudando a los demás, o creía serlo…
El día en que se cumplieron diez años del nacimiento de “Oído en Línea”, Juana recibió una llamada. Se trataba de alguien que, por los avatares de la vida, lo había abandonado todo por su trabajo y que había perdido a todos los suyos. Juana, en un alarde de inconsciente falsedad le aconsejó que necesitaba encontrar un equilibrio entre trabajo y familia, que si no para qué tanto esfuerzo. “Temo que no esté a tiempo” le dijo la clienta, “Siempre se está a tiempo de arreglar los errores… si uno quiere” le contestó Juana Orejota. “Claro, si uno quiere” dijo la clienta soltando una risita. “Bueno chica” espetó Juana “¿Podrías darme tu nombre? Es para la ficha”. “¿Mi nombre?” dijo la clienta soltando una carcajada “¿Acaso no lo sabes ya? Me llamo Juana. Juana Orejota”.

Francesc Martínez

3 comentarios:

Irène dijo...

Francesc,

me ha encantado tu relato, muy original y con un final muy sorprendente. Felicidades, es muy bueno!

Irène

Ignasi dijo...

Hola. No soy Irene,
Me ha parecido un relato muy imaginativo y me ha gustado la forma en que metes lo cotidiano en un mundo fantástico
Saludos

milagros dijo...

Me ha gustado mucho.
Muy bueno el final y con mucha imaginación.