sábado, 28 de febrero de 2009

EL PORTERO

EL PORTERO

El presidente de la Escuela de Fútbol lo anunció por sorpresa la víspera del acontecimiento: los alumnos de 5 años jugarían un partido exhibición que abriría la competición interescuelas de los dos días siguientes. Sería su primer partido. El entrenador intentó instruirles, precipitadamente, en algunas reglas básicas del fútbol, pero pronto desistió. El primer año es para tomar contacto con el balón, de goma espuma, y divertirse. No sabían sacar de banda, todos eran porteros, todos eran delanteros, todos eran defensas, no tenían ni idea de lo que el árbitro podía pitar, y para colmo no sabían ni colocarse en el campo, ninguno tenía una posición definida, donde iba el balón corrían todos detrás. Eligió como portero al más alto y a los demás les dijo:-¡¡¡¡ todos arriba a meter goles!!!!!!! No podía hacer otra cosa.
El equipo contrario se situó en el campo como si se tratara de las piezas de un ajedrez. No era su primer partido, estaba claro. El árbitro hizo sonar el silbato. Atropelladamente, salieron los locales en tromba hacia el balón, todos, no quedó ninguno en su sitio, incluso se daban patadas y empujones entre ellos por coger el balón. Entre tanto desconcierto, los rivales no tenían que esforzarse demasiado, dos pases y chutaban a gol, burlando a un desesperado portero que no acertaba a parar nada. Con el marcador de su equipo a cero, y encajado el último tanto, el cancerbero presa del llanto corrió hacia donde estaban sus padres. Presente la imagen del portero goleado huyendo y sus amigos desolados acabó el fatídico primer tiempo, 0-14 ganando el equipo visitante.
Durante los diez minutos que duró el descanso el entrenador insistía airadamente que había que meter un gol, que todos, familia, amigos, vecinos, los estaba viendo y esperaban ese gol. Quería un gol, ya.
Pero ocurrió algo que nadie advirtió. El presidente no estaba dispuesto a que la humillación fuera histórica, y para evitarlo, se le ocurrió una gran idea. Le dijo al portero de la categoría prebenjamin, de 7 años, que se colocara en la portería, confiando en que nadie repararía en que era mayor. Justo en el momento en que el árbitro depositó el balón en el lugar del saque el nuevo portero se situaba bajo los palos.
Daba comienzo la segunda parte. En el círculo central estaban los dos niños encargados de hacer el saque, con una idea: marcar. Sonó el pitido, piiiiiiiiiii y en un arrebato de furia uno de los niños agarró el balón y sin pararse a pensar en nada más se enfiló raudo y veloz hacia la portería. No dejaría que le alcanzaran, no se lo quitarían, ciego de vanidad infantil y mirando la portería fijamente, siguió corriendo a trompicones sin escuchar los gritos que vociferaban sus compañeros, sin mirar a nadie que le pudiera distraer de su objetivo, ni ver al presidente echarse las manos a la cabeza. Fueron segundos lo que duró aquella carrera y cuando se encontró frente al portero, desconcertado y moviendo las manos, supo que solo le quedaba empujar el balón y dejarlo sentado, vencido y goleado. Rozó el poste, el balón se precipitó al fondo de la red, y el goleador se tiró de rodillas al césped, con los brazos abiertos y mirando al cielo, como tantas veces había visto en los partidos de la tele, esperando el reconocimiento de sus compañeros que le abrazarían como locos y los gritos del público. Menuda gesta.
¡¡¡¡¡¡¡¡ MUY BIEN, MUY BIEN, PERO LA PRÓXIMA VEZ EN LA OTRA PORTERIA, TONTO¡¡¡¡¡¡
El portero le estaba gritando muy enfadado. El goleador no comprendía lo que le estaba diciendo, ¿ Quién era ese chiflado que le gritaba? ¿Qué era su portero? ¿Gol en propia puerta? ¡¡¡ Pero si no lo había visto nunca!!! ¿Cómo podía ser?. ¿ Qué tontería era aquella? Miró al entrenador, a sus compañeros, a los rivales, no podía ser verdad,¡¡ era de su equipo ¡!. ¿Quién le puso a él?.
Sus compañeros tampoco conocían al portero, nadie se había enterado del cambio. Era para la otra portería. El tanto subió al marcador, 0-15.
Aquel día marcó su único gol, nunca volvería a hacerlo. Le pidió al entrenador ser el portero del equipo para los siguientes partidos, y lo fue, acaso pensó que así no se volvería a equivocar.
Y aunque han pasado bastantes años, todavía cuando alguien le recuerda al chico la tremenda galopada que se dio para meter un gol en propia puerta, él sigue defendiéndose porqué aquel no era su portero.

Marien

9 comentarios:

MAR SOLANA dijo...

¡Vaya partidazo qué juegan los enanos, amiga, y eso qué a mí no me gusta el futbol nada de nada!
Me ha gustado como lo cuentas, tiene movimiento y pasión a partes iguales, aún con ese "fatídico" gol del final.
Me he divertido mucho.

milagros dijo...

Me han gustado las descripciones y la acción en todo el relato.
¡Pobre peque, qué decepción cuando mete el gol¡

Sonia dijo...

Qué historia tan tierna... me ha gustado mucho.
Creo que a mi me hubiera pasado lo mismo que al niño, jajajaa.

Marien dijo...

Hola chicas,
Muchas gracias a las tres por dedicarme unos minutos y por vuestras amables palabras. Es la primera vez que tenía que escribir algo y no sabía por donde empezar, ni de qué hablar. Espero poder superar las deficiencias técnicas, el ritmo, las descripciones..y tener ideas originales. Quisiera contar con vuestros comentarios para mejorar cada día.
Hasta la próxima.
Marien

Manuel Esteban Muñoz dijo...

Qué buenos recuerdos me ha traído tu relato, Marien. Esos partidos de preescolar, a vida o muerte, en los que todos corríamos en bandadas detrás del balón.
Acababas goleado, humillado delante de todo el colegio, con las rodillas ensangrentadas y la cara negra de polvo y sudor. Te habías esforzado al máximo para sólo conseguir hacer el ridículo. Así es la vida, te diría mamá a volver a casa. Y así es.
Muy bien reflejado.

Marien dijo...

Gracias Manuel E.
Eres el único que seguro ha jugado al fútbol y si a ti te convence me doy por contenta.

Juanmi dijo...

Estoy con Manuel en todo, también yo lo he vivido, aunque en un equipo de Balonmano.

Queda muy bien reflejado ese momento en que, movido por la rabia de la humillación pública, casi con el llanto en la cara, pierdes la noción del espacio, del tiempo, de todo... Y te lanzas a un ataque demoledor, con toda la pasión y el rencor del mundo, como una apisonadora, apartando todo lo que te sale al paso, gritando de rabia, y metiendo el gol de tu vida. Entonces caes al suelo dejando diluirse la adernalina, miras al cielo y agradeces haber salvado tu honor y el de tu equipo, mientras el mundo se dibuja de nuevo. Y ves la cara desencajada de tu entrenador, de tu portero, de tus compañeros, y escuchas las risas del equipo contrario... Joder, que mal te sientes de repente...

Lo has dibujado perfectamente, me ha encantado.

Marien dijo...

Gracias Juanmi, pero tu en cuatro párrafos lo has descrito con más intensidad que yo en dos páginas. Leyéndote compruebo cúanto me queda por aprender. Te agradezco el comentario, no dejes de hacerlo.
Un saludo

Juanmi dijo...

Bueno, en realidad, Marien, es mucho más fácil dar esa sensación cuando ya tienes el entorno y el relato montados, y sólo has de dedicarte a una escena en concreto. No tiene tanto mérito, y además, tú no lo haces nada mal.

De todos modos, es una actitud que comparto, el pensar lo mucho que nos queda a todos por aprender, a mi el primero, eh?