martes, 11 de noviembre de 2008

AMNESIA

Se despertó en la cama de un hospital, con la mente del color de las paredes de la habitación: En blanco.
No recordaba su nombre, no recordaba su cara, no recordaba el motivo que le llevó a su situación.
Le dieron el alta a los pocos días, y como único equipaje le entregaron su expediente médico y su cartera. Registró ésta última con la vehemencia de una mujer celosa, buscando indicios, pistas, información sobre su vida. Encontró tarjetas, dinero y su DNI. Se llamaba Francisco Rodríguez Calvo. Y un mapa de metro con dos paradas señaladas.

Decidió, como primer paso para reconstruir su vida, acercarse a la dirección que constaba en el DNI como su domicilio. Calle Amapola 21. No tenía llaves y nadie le abrió la puerta. Buscó una copia debajo de la alfombra, encima del marco de la ventana. Picó a todos los vecinos, empezó a desesperarse. Aporreó la puerta y gritó desesperado. Nadie vino a ayudarle.

Salió del portal furioso y desanimado; no sabía dónde ir ni qué hacer. Recordó entonces las estaciones de metro marcadas en el plano, y pensó que podían significar algo.
Caminó durante media hora hasta llegar a una de ellas, a la estación de Fontana. No sabía qué esperaba encontrar allí, pero no tenía nada que perder.
Mientras bajaba las interminables escaleras que conducían al andén, un hombre de traje azul que caminaba a corta distancia delante de él, se giró, pareció reconocerle y huyó confundiéndose entre la multitud. Salió corriendo tras él sin temor a empujar a ancianas, atropellar a turistas, pisotear a niños. Le persiguió con la urgencia y la rabia de quien necesita recuperar sus propios recuerdos.
Al llegar al andén se hizo obvio que el hombre del traje azul no tenía escapatoria.

-Lo siento Paco, lo siento… Yo…Nunca quisimos hacerte daño…

El hombre del traje azul hizo el amago de escapar y al intentar retenerle, en el forcejeo, el hombre tropezó con su pierna y cayó a las vías justo en el momento en el que el tren llegaba. En su cara una mueca de terror justo antes de desaparecer bajo el vagón.

Amparado en la confusión creada en el andén por el suceso, consiguió escapar de la estación pasando desapercibido. No hubiese podido soportar un interrogatorio, dar las respuestas que él mismo no tenía.
Con lágrimas en los ojos y sin rumbo fijo, caminó durante varias horas, con un zumbido instalado en su cabeza como un hilo musical, y con la creencia en firme de enloquecer por momentos.

Calle Amapola 21. Ahí estaba de nuevo, en su supuesto domicilio. Y esta vez no pensaba irse sin más. Aporreó la puerta con furia, dejando como recuerdo en ella el estampado de la sangre que abundantemente manaba de sus nudillos. Finalmente una mujer de mediana estatura le abrió la puerta y le hizo pasar.
Dos hombres vestidos con los mismos trajes azules le agarraron. Intentó soltarse, forcejeó. Y de repente todo se hizo oscuridad.

Despertó con sed. Estaba sólo en la casa. Empezó a rebuscar en los cajones: fotos, cartas, cualquier cosa que pudiera explicar algo. No encontró más que cajones vacíos. Y en un armario, 4 trajes azules, todos iguales.

Volvía a estar en la misma situación que al principio, sin saber quien era. Pensó que quizás su última opción de encontrar las respuestas que necesitaba, la encontraría en la otra estación de metro señalada en el mapa. Y se dijo que esta vez no podía fallar.

Se dirigió hacia ella de manera casi automática, no le hizo falta ni mirar la dirección. Aquel bar… aquella tienda… todo le empezaba a resultar vagamente familiar. Bajó las escaleras de dos en dos y ahí se encontró con ellos. Todos con trajes azules, todos mirándole con cara de espanto.

-¿Quiénes sois? - gritó desesperado mientras se derrumbaba en el suelo llorando. Quienes sois, quienes sois…

De repente, tirado en el suelo, empezaron a llegar a su mente una sucesión de recuerdos.
Cada imagen era una espina que se le clavaba por dentro, retorciéndose y llenando su vacío de dolor.
Se vio a si mismo salir corriendo de su casa tras haber visto a su mujer con su mejor amigo, el mismo al que había perseguido por la mañana en Fontana. Se vio cruzar la calle sin mirar, vio la cara de aquel taxista despistado justo antes de arrollarle.
Recordó cómo odiaba su trabajo como conductor de metro. Recordó a sus compañeros, aquellos que le habían golpeado en su casa y a todos los demás.
De repente sólo deseaba dejar de recordar.

-Paco, por Dios… ¡porqué lo has hecho! – se abalanzó sobre él uno de sus compañeros- ¡La policía te está buscando! ¡Las cosas no se resuelven así! Ella nos llamó esta mañana asustada, habías estado aporreando la puerta, gritando y asustando a todos los vecinos… Sólo queríamos ayudar con la mudanza. No queríamos golpearte tan fuerte, pero ¡dabas miedo! Y después nos enteramos de lo de Miguel. ¿Cómo has podido tirarlo? Nadie merece terminar así, ¡has perdido la cabeza!

Sonia Ramírez

4 comentarios:

Aula de Escritores dijo...

Me ha gustado. Se lee fácilmente y con ganas. Desde la primera linea te quedas enganchado.

Manuel Santos.

Leonor dijo...

BRUTAL.
Muy bueno. Me ha encantado. Muy bien hilvanado y resuelto.
Enhorabuena

Aula de Escritores dijo...

Muy intrigante, me ha gustado mucho.

JC

Juanmi dijo...

Magistral Sonia. Simplemente.
Intriga, tensión, misterio... Preguntas y mas preguntas, cuyas respuestas generan más interrogantes...

Encadenas la información y las escenas con mucho talento. Me has atrapado desde el principio, y no he podido soltarlo hasta acabar.

Si he de ponerle algún "pero", sería el final. Me explico. Creo que tecnicamente el relato es muy bueno, que se entiende perfectamente, que intriga, engancha y se resuelve con maestria, pero me da la sensación de que te ha pasado como a mi, cuando escribí mi relato del "detonante" (En el Fondo del Hueso). Tal vez hubiéramos necesitado algo más de espacio para desarrollar un poco más ciertas partes. A mi me pasó eso en muchos puntos, y creo que a ti te ha pasado en el final. Da la sensación de que te quedabas sin lineas para acabar de resolver las preguntas, y está todo como muy precipitado y condensado.

Pero eso no cambia el hecho de que me ha encantado. Me gusta mucho como escribes.


Juanmi