jueves, 22 de enero de 2009

La muñeca

Se sabe que las cabezas de las muñecas de trapo no están vacías, pues si no sus cabezas no tendrían volumen, se sabe pues, que sus cabezas no ocultan ningún secreto, llenas de simple relleno. Pero una vez, hubo una cabeza de muñeca que escondía un cerebro.

Las muñecas, cuando no están dirigidas por la mano de su dueña o dueño, acostumbran a repetir una y otra vez las acciones para las que normalmente son utilizadas. Así pasan su vida, libres durante la noche pero limitadas por el relleno, haciendo lo que se supone que deben hacer las muñecas.

La muñeca con cerebro se preguntaba qué era Taiwan y las demás se preguntaban si aquella noche servirían el té frío o caliente. Mientras corría por el pasillo para alborotar la lana de la que estaban hechos sus cabellos, las demás se trenzaban el pelo las unas a las otras. Las muñecas de trapo se estiraban la ropa para que ésta no estuviese arrugada y la muñeca con cerebro intentaba recordar cuándo se había vestido. Pasó también que una noche apareció entre las muñecas una nueva y, viendo una oportunidad de mantener una conversación, se decidió a preguntarle de dónde había salido a lo que la recién llegada contestó:

- ¿Qué te apetece más, una tarta de manzana o una rosquilla cubierta de chocolate?

Y así vivía un cerebro entre tanto relleno.

La primera y última vez que la muñeca con cerebro lloró en público, las demás le miraron extrañadas, pues nunca antes una muñeca había llorado. Esta mirada, que no era una mirada en sí porque venía de ojos inexpresivos, convirtió su llanto en algo todavía más amargo. Así fue cómo conoció la amargura de la incomprensión y cómo escondió sus lágrimas en los rincones, detrás de preguntas sin respuestas, detrás de actos sociales disfrazados de aislamiento. Mas el llanto le hizo comprender que entre sus compañeras y ella había una diferencia, pues así como las demás no entendían qué eran aquellas gotas, ella sabía ya la razón de que no tuvieran nisiquiera un motivo para hacer lo mismo.

Con su capacidad de planteamiento, única en el mundo de las muñecas, pensó que tan sólo tenía dos opciones: rebajarse y ser feliz tal y como lo eran las demás, pues se sabía capaz de acallar sus inquietudes cerebrales y dedicarse de forma exclusiva al té y a las trenzas o bien dejarse acompañar por su cabeza constantemente pensante, aunque ésta fuese su única compañía.

Viendo que las dos salidas que tenía no eran compatibles, porque se sabe que a un cerebro de muñeca le atrae más el interrogante que genera el hecho de que una mano gigante te dirija a su antojo durante el día, que no el punto y final que viene después de que te coloquen en la estantería; la muñeca por fin tomó una decisión acerca de cómo encarrilarse a sí misma. Y al final la muñeca con cerebro vivió tal y como estás pensando que lo hizo.


Judi Cuevas

3 comentarios:

Aula escritores dijo...

Judi, me ha gustado mucho tu relato de muñecas. Tu si que tienes el cerebro relleno,chica! Felicidades.
Irène

Juanmi dijo...

Una buena manera de plantearnos si nos sentimos libres... según el final que demos por hecho instintivamente.

Como ya habrás leido por aquí, me gustan los relatos que significan algo. Esos binomios enfrentados (pensar y sufrir - no pensar y ser feliz / ser uno mismo aunque estemos solos - ser lo que todo el mundo) me encantan.

Muy buen relato, mucho mejor de lo que parece de entrada.

Enhorabuena.

Sonia dijo...

Hola Judi,
Me parece super interesante el tema que planteas y la simplicidad con la que lo haces. De hecho, no es una decisión nada fácil, la de seguir la corriente a la masa para no quedarse uno solo, o por el contrario ser uno mismo pero en solitario. El final me parece super acertado, es una gran idea que lo dejes abierto, ya que en cierto modo obligas a reflexionar al lector sobre cómo le gustaría que terminara. Muy bien.