miércoles, 6 de mayo de 2009

La nota de Don Celestino

“Viudo serio y honesto busca señora de compañía. Se ruega pulcritud y corrección en el vestir.”
La nota apareció enganchada con dos tiras de celo en la cara interior del cristal del portal de la portería, de forma que sólo se podía leer desde la calle.
“Llamar al segundo primera” , concluía.
No sé qué me asombró más, si el anacronismo del mensaje, escrito a mano, con una retorcida caligrafía que en otros tiempos hubiese maravillado por su romántica laboriosidad, o saber que esa nota la había escrito Don Celestino, el vecino del segundo primera.
!Don Celestino! !Qué poco sabíamos de ese hombre! Metro noventa y pico de humanidad que bajaban cada mañana por la escalera y me saludaba con un “Ciaooooooo”, tan largo como él mismo. Ciaoooo por la mañana. Ciaooo por la noche cuando regresaba con una bolsa del supermercado en una mano y los periódicos del día en la otra. Nada más sabíamos.
Esa nota nos revelaba mucho aspectos nuevos de él. Un don Celestino que con delicado y sereno pulso anunciaba al mundo su condición de viudo - nadie en la vecindad lo había visto vestir de negro -, su ejemplar conducta - jamás había dado motivo para pensar lo contrario - y su más imperiosa necesidad: compañía femenina. No había nada en el texto del que extraer sospechosas intenciones que, por otra parte, no cuadrarían en un hombre a punto de entrar en la tercera edad y cuya compostura, pulcritud en el vestir y ademanes no dejaban entrever conductas interesadas o malintencionadas. No, por Dios, no era de esa clase de personas. Aunque era trabajo suyo demostrarlo si se diera el poco probable caso de que alguna pulcra y correctísima señora se interesase por el mensaje.
Todo eso y aún más nos decía en su nota. Esa nota que más pronto de lo que yo hubiese deseado se convirtió en el tema del día entre todos los vecinos de la escalera.
- Anda que no pide nada - dijo con sorna el señor Uriza, el presidente de la comunidad. Y después de unos segundos de dudas, añadió - no es este lugar para guarrerías de este tipo. 
- Ja, con la pinta que tiene, ese no se va a comer una rosca - apuntó con desdén y falta de consideración, don Luis. Aunque hay que reconocer que su observación no iba del todo mal encaminada. Y es que Don Celestino parecía un galán salido de una película de Hollywood de los años cuarenta. Uno podía recorrer con la mirada sus trajes sin tropezar con ninguna arruga. Y cuando llegase a los pantalones, la vista se precipitaría hacia abajo, encarrilada por dos rectísimas rayas en cada pernera, hasta llegar a los dobladillos que montaban sobre unos zapatos acharolados que milagrosamente nunca perdían el brillo. Don Celestino era el hombre mejor planchado que he visto jamás. 
- Hasta el flequillo se plancha, qué hombre más estirado - remató doña Emilia. 
- Alguien debería poner al día a ese hombre - sugirió don Ernesto.
- O buscar en los museos, a ver si encontramos una reliquia para él - se jactó Pablo, el joven del quinto segunda.
- No hay mujer que esté a su altura - apuntó otro.
Se formó ahí mismo, frente a la nota de don Celestino, un corrillo de vecinos que competían por el comentario más ocurrente y disparatado. Debo confesar que alguna risa se me escapó. 
Y en esas estábamos cuando apareció en el portal una señora que parecía salida de una película todavía más antigua. Un “Huuuuyyyy” generalizado salió de boca de todos cuando la señora pulsó el botón del cuarto primera y no el del segundo primera, el de don Celestino. La pobre señora no entendió a qué venían tantas risas. A mí me supo mal, puesto que la señora encajaba muy bien en el perfil que demandaba en la nota.
La señora se marchó correctísima y digna y nos dejó a todos atacados por una hilaridad desenfrenada. Hasta que el sonido de unos pasos, en la escalera, nos hizo enmudecer a todos. Eran los inconfundibles pasos de don Celestino. Nos miramos todos extrañados en cuanto vimos que el don Celestino que esperábamos ver, no era tal. Era un don Celestino puesto al día, elegante, vestido con un traje claro de arrugada alpaca y unas nike de diseño. Lucía rostro bronceado y su largo flequillo canoso volaba de un lado a otro en cuanto giraba la cabeza. 
- !Don Celestino!, parece usted otra persona! - dijo alguien.
- Celis, por favor, llámenme Celis - dijo a la concurrencia y luego se dirigió hacia mí - y si viene alguien preguntando por mí, dígale que vuelvo en media hora. Ciaoooo.



Ignasi Raventos
Curso de Narrativa
Ejercicio de personaje enigmático

5 comentarios:

Mar Solana dijo...

Hola, Ignasi:

Ya te dije lo divertido y fresco que me pareció este relato cuando lo colgaste en tu blog, lo atractivo que me resultó el personaje de don Celestino.

Ahora, al leerlo una segunda vez, todavía me transmite más alegría y optimismo y aquella sempiterna sentencia de que PARA EL AMOR NO HAY EDAD.

Un cariñoso saludo desde Villalba, sigue deleitándonos con tus historias...

Aula de Escritores dijo...

Me das el movil de este señor?

Clarisse

Sonia Sánchez dijo...

Me ha despertado mucha ternura Don Celestino, espero que le vaya bien en sus citas, que seguro tendrá muchas.

Sonia dijo...

Hola Ignasi,

Sabes que leyendo las dos primeras líneas del relato ya sabía que era tuyo?
Me has tenido atrapada y entretenida desde el principio y has sabido crear a un personaje tierno y entrañable, pero tengo que reconocer que el final me ha decepcionado un poquillo. Lo veo demasiado abierto, me gustaría saber el porqué de su cambio de look, me gustaría saber qué le ha pasado y cómo termina la historia.

Ignasi Raventós dijo...

Me alegro que os haya despertado algún sentimiento este pobre hombre.

Clarisse, DOn Celestino no tiene móvil todavía.

Sonia Sánchez, seguro que sí. Pero antes tendrá que pasar por un montón de vicisitudes.

Sonia, vas bien encaminada. Don Celestino todavía tiene mucho que desvelarnos.

Un saludo y gracias a todos