Mi padre solía decir que estábamos a merced de la suerte; yo le respondía que forjaría la mía. Aprendí esgrima con grandes maestros, monta con los más diestros jinetes. Cuando conseguí destacar entre las filas de nuestro ejército, y la propia reina me reclamó ante su presencia, elegí con el máximo cuidado traje, peluca y sable. Ya ante ella, le dediqué la más profunda de las reverencias, de tal guisa, que el extremo de la vaina de mi sable tuvo a bien ascender trazando un arco, deteniéndose abruptamente en las más nobles partes de mi dolorido rey.
Micro-relato para una cena
(Dedicado a Irène, Judi, Sonia, Juanmi, Mariano e Ignasi)
Joan Villora Jofré