"He escuchado su llamada y le sigo". Estas fueron las últimas palabras de Lord Carnarvon, refiriéndose al faraón Tutankhamón, en medio del delirio antes de morir.
Apenas 5 semanas antes, había sufrido la picadura de un mosquito en la mejilla izquierda. La picadura se le infectó, se le hinchó y al afeitarse con una navaja, se cortó sobre la zona inflamada. De poco le sirvió la cura con yodo que se aplicó. La fiebre le subió hasta 40ºC de temperatura. Su hija intentó su traslado a El Cairo, pero se encontraba tan sumamente débil y agotado por la fiebre que no tuvo ánimos para viajar. Allí, alertados por su hija, se dieron cita a los pocos días su esposa Lady Almina y su médico de cabecera el Dr. Johnson que estaban en Inglaterra, y su hijo Porchey que estaba en la India. También Carter recibió un telegrama y se desplazó inmediatamente hasta el Hotel donde se encontraba su amigo y mecenas.
Llegaron tarde. Lord Carnarvon estaba casi inconsciente. Deliraba. Fué diagnosticado de septicemia y neumonía. Y el 5 de abril, a la 1:50 a.m.. ciento treinta días después de la apertura de la tumba, dejaba de existir.
Cuenta su hijo que, en el mismo instante de su muerte, súbitamente se apagaron las luces. En la central eléctrica no supieron dar una explicación técnica. Cuenta también que por extraña coincidencia, su perra Susie, que estaba mutilada de una pata, y que tantas veces acompañó a su amo en sus viajes a Egipto, moría en la finca de Highclere, a miles de kilómetros, al mismo tiempo que Lord Carnarvon.
A partir de la muerte de Lord Carnarvon, comenzó la leyenda de la venganza del Faraón por haber alterado su tranquilidad al profanar su tumba.
Se cuenta que un ostrakon de arcilla de los utilizados por los escribas egipcios para hacer sus anotaciones tenía una inscripción que decía: "La muerte golpeará con su bieldo a aquel que turbe el reposo del Faraón". Y que un amuleto hallado en la cámara principal, tenía otra inscripción que decía: "Yo soy el que ahuyenta a los profanadores de tumbas con la llamada del desierto. Yo soy el que custodia la tumba de Tutankhamón".
Como dando la razón a la maldición, al poco tiempo de la muerte de Lord Carnarvon, moría también su hermano menor Aubrey Herbert, de 48 años de edad, suicidándose en un arrebato de locura. Poco después, en Egipto, moría también la Hermana de la Caridad que actuó como enfermera del noble inglés y que le atendió hasta su muerte.
Comenzaron así una serie de muertes que parecían misteriosas y que desconcertaron a los más incrédulos. En 1929 en el Bath Club al que pertenecía, moría el Secretario de Lord Carnarvon, Richard Betkell, hijo único de Lord Westenrys, cuando al parecer gozaba de buena salud. Lo encontraron muerto en su cama. Su padre, al parecer desesperado por la muerte de su hijo se lanzó al vacío desde un séptimo piso, en el que se encontró una jarra de alabastro procedente de la tumba de Tutankhamón. Por si eso fuera poco, el coche fúnebre que llevaba el cadáver, atropelló accidentalmente a un niño de 8 años y le mató.
Aún no podemos estar seguros, a día de hoy, de que Tutankhamón haya dado por finalizada su venganza. Por eso, os aconsejo que destruyáis este texto después de haberlo leído. Yo negaré haberlo escrito.
Mariano Salvadó (Ejercicio relato histórico- Curso Escritura Creativa)